¡Hola! ¿Cómo estás?
Fenómeno mundial (no me refiero a vos): gente menos educada (y típicamente más pobre) volcándose a partidos más conservadores. Pasa en todo el mundo, eh, pero el caso paradigmático es el de USA. Cada vez más vemos demócratas sobreeducados y con más plata y republicanos de educación modesta (y, claro, con menos plata).
Raro, ¿no? ¿Por qué será? ¿Por qué no saben lo que les conviene? ¿Por qué los obreros no se banca más que les hablen en lenguaje inclusivo?
Te cuento.
Espero que te guste. Gracias por leer.
Las preguntas de hoy
¿Cómo cambió el perfil educativo de los votantes de partidos de derecha o izquierda?
¿Por qué los menos educados votan cada vez más a la derecha y vice versa?
La imagen que vale más que 1000 palabras:
El X son los años; el Y muestra cuántos puntos porcentuales cambia la probabilidad de identificarse como demócrata por cada año adicional de educación. Negativo significa que cuanto más educado estás, menos demócrata sos. Positivo, bueno, lo contrario. La relación fue históricamente negativa —más educado (posiblemente más rico) implicaba más chances de votar republicanos— y estable por décadas. Los demócratas eran el partido de los más pobres: equivalente al partido de centro-izquierda que se te ocurra en el país desde el cual estás leyendo esto.
Hasta que algo pasó en los 70. La tendencia empezó a darse vuelta: de a poco, ser educado empezó a predecir menos el voto republicano, tanto así que para los 2000 la relación se invirtió: hoy, cuanto más educado sos, más probable que votes demócrata (📍Pluma de Pato, Salta).
Curioso, ¿no?
¿Por qué digo curioso? Qué sé yo: los republicanos (o el equivalente del partido de centro-derecha que te guste) suelen querer bajar impuestos y bajar subsidios (o financiación de programas o bienes públicos). Y normalmente los que se benefician de la baja de impuestos son los ricos y educados y los que se perjudican de la baja de subsidios son, claro, los pobres y no tan educados (que cada vez más abandonan a los demócratas). Por supuesto que los determinantes del voto son multicausales y hay muchos motivos por los cuales podés querer votar a un partido independientemente de esta en particular (de hecho, ya hablamos del tema en este espacio, en el ya clásico #Desclasados). Pero no me vas a negar que el fenómeno es suficientemente curioso como para ser investigado.
¿Cómo se explica este patrón que encima parece ser cada vez más global? Hay hipótesis para tirar al techo.
Una muy popular viene del lado de lo que los economistas llamaríamos “la demanda” ideológica. O sea: los partidos no cambiaron, lo que pasa es que los más educados se hicieron cada vez más progresistas y los no educados cada vez más conservadores (por ejemplo, en sus posiciones sociales). Podría ser, pero, al menos en USA, no pareciera ser el caso. Si mirás cómo cambia en el tiempo la relación entre años de educación y opiniones sobre temas sociales (como el aborto, la homosexualidad o los roles de género), siempre es cierto que los más educados suelen tener posiciones más progresistas, pero esa brecha se mantiene relativamente estable durante décadas y hasta hoy. No es que ahora los más educados son particularmente más progre: siempre lo fueron.
La otra hipótesis muy famosa viene más del lado de la “oferta” de ideología: tal vez lo que pasó es que los partidos más de izquierda priorizaron demasiado las agendas progresistas/identitarias y que entonces perdieron el voto de los trabajadores, que, encima que no son necesariamente de ninguna minoría, son los que terminaron sufriendo más que nadie los costos de la globalización. Puede ser y algo de esto hay, con evidencia y todo. No del paper de hoy, sino de otro de uno de los coautores (Nicolas Longuet-Marx): si agarrás discursos y programas de campaña de candidatos a diputados demócratas y republicanos y usás el texto para identificar su posición ideológica en temas culturales (aborto, género, etc.) y económicos (impuestos, etc.), podés armar el grafo de abajo.
O sea que sí: desde hace décadas que los republicanos y los demócratas difieren en ambas dimensiones, pero la diferencia en temas económicos no cambió mucho, mientras que la diferencia en temas sociales se ensanchó un montón (los republicanos más conserva, los demócratas más progres), especialmente a partir de mediados de la década del 2000.
Pero ojo: este cambio tan profundo en las posiciones culturales de los partidos se empieza a ver hace relativamente poco tiempo. Y el realineamiento educativo entre partidos empezó a darse hace décadas (en los 70s, como te mostré en el primer gráfico). Tiene que haber algo más.
Nuevo intento: no es que los más educados ahora sean más progres ni es (solamente) que el Partido Demócrata se volvió demasiado progre en temas sociales. Tal vez lo que pasó es más simple: a la gente la política económica le sigue importando un montón y los menos educados empezaron a sacarle el apoyo a los demócratas cuando su plataforma económica empezó a alejarse demasiado de las preferencias de política económica de los votantes más pobres, menos educados (y más sindicalizados) a quienes históricamente representaban.
La vieja class politics de toda la vida.
Todo lo que viene ahora (así como el primer gráfico del envío) sale de un paper espectacular de Ilyana Kuziemko, Nicolas Longuet-Marx y Suresh Naidu. Se llama “Compensate de losers” y dice así.
Empiezo con un poco (poquito) de historia. 70 en USA: crisis energética, petróleo por las nubes, nafta volando, estanflación) Cierran fábricas, gobiernos locales con problemas para financiar servicios públicos, empleo para abajo, inversión para abajo, recaudación para abajo. Las palancas típicas del Partido Demócrata no caminaban (subir impuestos, crear programas); empieza a gestarse de a poco la renovación: los llamados New Democrats (o bien, “Atari Democrats”): una nueva generación demócrata más urbana, más amiga de la tecnología, la innovación, con ideas más orientadas al mercado (o sea, digamos, más supply-siders) y un poco más desconfiada de un aparato estatal demasiado burocrático. Una nueva generación que venía a intentar reemplazar a los históricos demócratas que se habían quedado sin herramientas. ¿Quiénes son los New Democrats?
Name names: Al Gore, Michael Dukakis, Bill Clinton, Joe Biden. ¿Te suenan? Todos Atari, surgidos de la organización que los nucleó durante décadas: el Democratic Leadership Council: algo así como la Fundación Pensar de los demócratas renovados. Una organización demócrata dedicada a generar propuestas, definir estrategias y promover dirigentes con ideas económicas más orientadas al mercado: apertura comercial (Clinton fue un gran impulsor de la aprobación del NAFTA), disciplina fiscal (Clinton logró llegar al superávit fiscal durante su segundo mandato después de 30 años de déficit), burocracia más eficiente. New Democrats.
¿Y para qué menciono todo esto? Porque la hipótesis es, precisamente, que los votantes demócratas menos educados se empezaron a ir precisamente cuando los New Democrats empezaron a modernizar al partido en sus programas económicos. Dicho de otra manera: empezaron a perder los votos menos educados cuando el partido empezó a armar programas económicos como los que les gustan a los economistas (bueno, a algunos).
Va la historia por partes.
A los demócratas (y a sus votantes) les gusta la equidad. Siempre, antes y ahora. Pero hay muchas formas de generar equidad y mejorar la distribución del ingreso. Dejame agruparlas en dos grupos grandes.
Por un lado, las políticas REdistributivas: intento no meterme en cómo producís, pero una vez que lo hacés, cobro impuestos y doy subsidios para que el ingreso se reparta mejor. Qué sé yo: un buen impuesto alto pero progresivo y asignaciones por hijo para todos los que la necesiten.
Por otro lado, están las PREdistributivas: regulo el trabajo, pongo salario mínimo, te lleno de sindicatos, me meto a full con la política industrial, te pongo aranceles a las importaciones por todos lados y si puedo hasta te estatizo la vida.
Las REdistributivas suelen ser más populares entre economistas (al menos entre economistas promercado) porque, dado un objetivo distributivo, suelen ser más eficientes que regular el proceso productivo en sí mismo.
El grafo de arriba te muestra qué proporción de las votaciones de la Cámara trataba sobre cada tipo de política económica, durante los años en que los demócratas controlaban la Cámara. En la agenda de la vieja coalición demócrata de los 40s, 50s y 60s tenían más peso las PREdistributivas que las REdistributivas: les gustaban los sindicatos (especialmente los sindicatos) y las regulaciones. A fines de los 70s empiezan a ganar poder los New Democrats y con ellos el peso de las PREdistributivas en las votaciones empieza a ceder, al punto que en los 2000 la distancia entre PRE y RE se reduce mucho: menos sindicatos, menos regulaciones y, en todo caso, más políticas de impuestos y subsidios. Fines de los 70. Justo cuando los votantes demócratas menos educados (y más pobres) empiezan a sacarle su apoyo al partido. ¿Casualidad?
Primer test: ¿que tan cierto es que los votantes menos educados (los que se fueron escapando del partido) tienden a preferir las políticas PREdistributivas que los New Democrats empezaron a abandonar?
Muy cierto: los votantes menos educados apoyan sistemáticamente más que los más educados las cuatro políticas PREdistributivas por excelencia: salario mínimo, garantía de empleo, sindicatos (especialmente sindicatos), proteccionismo (o bien: cada año de educación adicional reduce el apoyo a cada una de estas cosas).
Segundo test: ¿será que los votantes más educados empezaron a confiar más en los demócratas para manejar la economía justo cuando llegaron los New Democrats? Seguí la línea violeta del grafo de abajo.
El X son los años (de los 50 hasta 2015). El Y se lee así: cuando es negativo, significa que ser más educado reduce la probabilidad de que consideres que los demócratas son los mejores para la prosperidad económica del país. Cuando es positivo, significa, bueno, lo opuesto.
Fijate el patrón: al menos desde los 60 y hasta fines de los 80 la tendencia es estable: ser más educado reduce las chances de que consideres que los demócratas son los mejores gestores económicos del país. La cosa empieza a cambiar en los 80 (cuando los New Democrats, ya creciditos, empiezan a tener poder en serio). A partir de ahí la confianza de los más educados en la capacidad de gestión económica de los demócratas empieza a subir y nunca para, al punto que hoy ser educado predice que consideres que los demócratas son los que más entienden de política económica. Programas menos PREdistributivos, atraen votantes relativamente más educados.
Pero hay más. Pongamos a un Old Democrat y a un New Democrat frente al mismo rival republicano. ¿Al New le va relativamente mejor entre los votantes más educados? Ejemplo (anacrónico, obvio): frente a Trump, un universitario debería inclinarse más que alguien con secundario hacia el demócrata si la candidata es Hillary Clinton (New) en vez de Bernie Sanders (Old). Los autores testean exactamente esto con cientos de miles de datos de encuestas de primarias de 1972–1992 (Mondale vs. Hart, Jackson vs. Dukakis) y encuentran exactamente eso: teniendo enfrente al mismo republicano, un universitario tiene unos 2 puntos más de probabilidad que alguien con secundario de votar al demócrata cuando el candidato es un New Democrat.
Los votantes no cambian. Lo que cambia es el partido.
Ojalá me hayas creído que los menos educados empezaron a abandonar a los demócratas (y los educados a sentirse más atraídos) cuando el partido fue tomado por los abyectos neoliberales (como los que me gustan a mí, aclaro) que dejaron de apoyar a los sindicatos, las protecciones comerciales y las regulaciones laborales que tanto le gustan a los PREdistribucionistas. Porque ahora se viene la mejor parte: ¿cómo lograron los abyectos tomar el poder? ¿Qué pasó?
Finaciación de la política y el viejo conflicto de clase.
Va otro poco (poquito) de historia. ¿Cómo funciona el financiamiento de campañas en USA? Es largo. Tanto que seguramente haya algún envío futuro al respecto. Hasta los 70, ni empresas ni sindicatos podían donar con su propia plata a candidatos. Pero los sindicalistas, gente inteligente, le habían encontrado la vuelta: los famosos PACs, comités que juntaban aportes voluntarios de los afiliados y los repartían entre candidatos como si fueran donaciones individuales.
La justicia les había reconocido el derecho a pedirles plata a sus miembros y, con millones de afiliados, recaudaban fuerte. Las empresas, en cambio, estaban en una zona gris: no estaba claro si esos fallos las alcanzaban, ni quiénes eran sus ‘miembros’ (¿los empleados?, ¿los accionistas?), ni si podían pedirles apoyo político a sus empleados. Y la zona gris era siempre y cuando tu empresa no tuviera contratos con el gobierno. Si los tenía (gran parte de las grandes), ninguna zona gris: no podías hacer nada. Resultado a modo de ejemplo: en la elección de 1968, los PACs sindicales gastaron 5x lo que gastaron las empresas.
Entre 1971 y 1975, cambió la cosa. Primero, en 1971 reconocieron explícitamente que empresas y sindicatos podían crear PACs y pagar todos sus costos con fondos propios (dato de color: cláusula empujada por los propios sindicatos, para proteger sus PACs, por miedo a que le pongan las mismas restricciones que tenían las empresas). Segundo, 1974, post-Watergate, quilombo: le ponen topes estrictos a las donaciones individuales, lo que convirtió a los PACs en la vía principal para mover plata. Tercero, en 1975: las empresas con contratos con el gobierno, que eran muchas de las grandes y que estaban excluidas, también podían tener PACs.
¿Qué hace la gente cuando cambiás las reglas? E’. En el gráfico de abajo tenés la proporción de donaciones vía PACs desde los 60 en adelante hechas por sindicatos al Partido Demócrata (la línea de arriba) y al Republicano (la de abajo). Share de donaciones sindicales sobre el total recaudado por PACs demócratas: 90% en los 60, la era de los Old Democrats, un 40/50% en los 80, la época dorada de los New Democrats. Los sindicatos dejaron de ser la gran fuente de financiamiento del partido de centroizquierda por excelencia. ¿Y los PACs sindicales a los republicanos? Era baja antes, sigue baja ahora.
¿Cuándo baja drásticamente la contribución sindical al Partido Demócrata? En los 70. ¿Cuándo empiezan a surgir los nuevos demócratas salvajes neoliberales (gente como uno), no muy amigos de los programas PREdistributivos (y más, en todo caso, de los REdistributivos)? En los 70. ¿Cuándo empieza el realineamiento educativo que lleva a los menos educados (y posiblemente más pobres) a alejarse paulatinamente del partido que los representó históricamente en parte por su coincidencia programática y su amor por la PREdistribución? En los 70.
¿Casualidad, causalidad? Lo dejo a tu criterio.
Hablando de contribuir a cosas, ¿qué te parece si sacás la billetera, entrás acá (o ídem en tu librería amiga) y te comprás un ejemplar de #EstoTambiénEsEconomía, el libro definitivo, referencia de cómo vivir de cualquier persona de bien?
Mientras vas a la librería, te dejo otras cosas que podés hacer para bancar este proyecto popular sin gastar ni un peso moneda de curso legal argentino.
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El paper de hoy lo encontrás acá.
El de Nicolas Longuet-Marx sobre cómo cambió la parte cultural vis-a-vis la económica de los programas Republicanos y Demócrata lo ves aca.
Aca escribí sobre la gente que vota (aparentemente) en contra de su bolsillo: los famosos desclasados.
Nada que ver, pero…
Acá armamos un paper con unos colegas en donde mostramos que si creciste bajo gobiernos populistas es probable que hayas formado una cosmovisión (o sea, una forma de ver al mundo) tipo suma cero que te va a durar por varios años.
Acá dicen que cuando el jefe tiene una hija, se vuelve más, digamos, feminista, en sus actitudes en la empresa.
Acá dicen que la guerra de Vietnam generó más integración racial entre conscriptos.
Acá te muestran como la inmigración high-skilled es de las grandes responsables del éxito de la innovación americana.
Me gustó mucho esta conversación entre Rosendo Grobo y una de las personas más inteligentes que conocí, Ricardo Hausmann (quien, me entero por esta entrevista, es hijo de sobreviviente del holocausto).






