¡Hola! ¿Cómo estás?
Ta baiteé. Porque no sé si los pibes no leen (en general). Pero sí sé que no leen el diario. Leen Instagram, Snapchat, WhatsApp. Pero el diario no, ni en papel ni digital.
Y claro. Si la información abunda y es gratis, ¿para qué van a pagar una suscripción? ¿Cómo hacemos para que los pibes consuman más información del diario y menos de las redes?
Te cuento.
Espero que te guste. Gracias por leer.
Las preguntas de hoy
¿Cómo hacemos para que los pibes lean más el diario?
¿Sirve para algo que lean más el diario?
Siete y poco suena el despertador, me levanto, armo el café (molido en casa, porque qué te pensás) y abro el diario en papel. “En papel” no es literal, aunque me encantaría. Pero no: es la versión digitalizada de la edición en papel del diario en cuestión. De Argentina leo La Nación (que en su versión en papel todavía sigue siendo un diario, a diferencia de su versión online). La mejor parte, por lejos, es la de cartas de lectores. Por ejemplo, Roque Sanguinetti ayer manifestó que pudimos conocer en vivo lo que eran los mensajes de odio en la marcha universitaria.

En la misma tónica, Felipe propuso sacar los bancos de la Plaza del Congreso porque la gente los rompe y lo pagamos con la nuestra.

La segunda mejor parte suele venir solamente los sábados: las páginas de ofertas de supermercado. Qué cosa estéticamente atrapante una página llena de productos y precios de publicidad de diario, con esa combinación de fuentes perfecta (el Sans Serif en negrita de los precios mezclado con el Impact de los textos y el Superfindesemana que parece hecho en Word Art).
O las excepciones en letra chiquita, que siempre contienen información importante, tipo “promoción válida para todo el país, excepto la provincia de Neuquén”. ¿Qué hizo la provincia de Neuquén? ¿Para tanto era que los condenás a pagar más caro el mismo kilo de paleta de novillito?
Me pone mal que los Gen Z no puedan disfrutar de estas maravillas como yo. Porque sí: preguntale a tu contacto Gen Z si lee el diario. No lo lee. Ni tampoco mira el noticiero. Ni escucha programas de noticias. Para ser justos, todos consumimos cada vez menos noticias, no solamente ellos. Pero ellos más. Esto de abajo, por ejemplo, es de USA. Porcentaje de adultos que siguen las noticias regularmente, por grupo etario. 27% de los jovenzuelos <30 años en 2016, solamente 15% hoy.
¿Y a quién le importa, no? Debería importarte. No solo porque un pibe que no lee es un pibe que no puede disfrutar de las cartas de lectores y las publicidades de Coto, sino porque medio que la calidad de la democracia depende en gran medida de qué tan bien informados estén los ciudadanos, de qué tan hábiles sean para juzgar educadamente lo que ven, para mantener a las instituciones y a los políticos a raya (por ejemplo, para echarlos cuando no laburan bien o premiarlos cuando sí). Para decidir bien, bah.
Y, pero ¿por qué antes era mejor?, me dirás. Hoy tenés redes sociales, newsletters, WhatsApp, Telegram y un batallón de gente circulando videos, audios, fotos, mensajes 24x7. Conseguir información nunca fue tan barato. Pero encontrar algo que valga la pena entre todo eso cuesta tiempo y atención. Y lo que gana la pelea por tu atención no es necesariamente lo mejor: puede ser lo que más te enoja o lo que confirma lo que ya creías.
Los medios “tradicionales” no son la panacea, claro. Tienen sus agendas, responden a intereses y también pueden mentir o manipular. Pero cumplen (¿cumplían?) una función importante: seleccionaban, jerarquizaban y verificaban buena parte de la información que consumíamos. Y generaban algo que hoy no es tan fácil de conseguir: una agenda informativa relativamente compartida. Cientos de millones de personas podían leer exactamente el mismo diario y hasta hacer una interpretación diferente de las noticias pero al menos estaban expuestas a un set parecido de hechos. Hoy, en cambio, cada ciudadano recibe una selección diferente, que esta moldeada por sus preferencias y por lo que los algoritmos consideran que prefiere. Ni siquiera es tan problemático el tema de la información falsa, peor aún es que estamos expuestos a recortes completamente distintos de lo que pasa.
(Y si no me crees que, aun con toda la información disponible -más que nunca- , los pibes tienen mucho menos conocimiento del mundo en el que viven, bancame unos párrafos.)
Los medios tradicionales no murieron. O no todos. Pero se hicieron relativamente carísimos. Habiendo información gratis, ¿quién va a pagar lo caro que sale mantener un outlet tradicional? En Argentina, por ejemplo, los medios no parecen encontrarle la vuelta. Sus cuentas online son de peor calidad que la de un tuitero promedio. Entendiblemente: de algo hay que vivir y a los argentinos no se les da lo de suscribirse para consumir noticias (según cuentan Eugenia Mitchelstein y el tano Pablo Boczkowski, solamente 10% pagan suscripciones a medios).
Pero siendo justos, tampoco es que en otros países la gente vaya exultante a suscribirse a su medio favorito. Y menos aún los jóvenes. ¿Cómo esperamos que haya demanda de noticias confiables entre pibes que tienen acceso a información gratis 24x7? Fijate que se destilan al menos dos hipótesis a testear de este párrafo.
Tal vez los pibes no leen diarios porque los diarios son hoy relativamente caros. Cuando algo es relativamente caro y queremos incentivar su uso, le bajamos el precio en relación al resto de los precios de la economía.
Tal vez los pibes no leen diarios porque subestiman el verdadero interés que podrían tener en informarse del diario. Dicho de otra manera: están tan alejados de lo que es un diario que ni siquiera entienden su valor. En una de esas, aun siendo relativamente caro, la demanda por leer las noticias podría crecer si la gente descubriera su utilidad (o sea la enseñáramos) y lograra formar el hábito.
¿Y cómo testeamos todo esto? Como hicieron los/as economistas de la semana (Julia Cagé, Simon Briole y Andrea Prat): con un experimento.
Contexto: Francia, 2024/25. 243 escuelas secundarias, 10 mil estudiantes adolescentes. Julia y amigos se juntaron con nada más y nada menos que Le Monde y convencieron a todos (el diario, las escuelas) de aleatorizarlos en cuatro grupos.
Grupo control: nada, business as usual.
Grupo suscripción: los alumnos de estas escuelas recibieron suscripción gratuita al diario durante los pocos meses que duró la intervención. Podían usarla dentro y fuera de la escuela, desde cualquier dispositivo y sin restricciones de secciones o notas. El costo de esto son unos 7 euros/mes.
Grupo media education: les ofrecieron a los docentes capacitación y materiales para implementar actividades en clase con sus alumnos para despertar el interés en leer el diario. Qué sé yo: buscar noticias y discutirlas, evaluar si informaciones eran ciertas o falsas, jugar a ser periodistas y escribir sus notas, etc. No les dieron suscripción gratuita.
Grupo combinado: les dieron la suscripción Y el training.
Un poco de contexto PRE-experimento, antes de ir a los resultados. ¿Viste que uno piensa que los franceses están hiperinformados, no? Bueno, má o me. Datos.
54% no consumía noticias (nunca o casi nunca).
Solamente 19% leía el diario (online o en papel). 81% (!) consumía noticias vía social media. Las principales: Instagram, YouTube, Snapchat, WhatsApp, TikTok.
En promedio, un estudiante conocía la mitad de los cinco diarios principales de Francia.
No leen y se nota. 25% no sabían quién era el primer ministro. 55% no conocían a la presidenta de la Comisión Europea, 75% no sabían los partidos políticos franceses, 60% no sabían ni de cerca cuánto era el desempleo en Francia, 80% la inflación y sigue.
Ahora sí: estamos de acuerdo con la premisa de que los pibes no leen y no saben qué está pasando en el mundo en el que viven (sí, sí, old men yells at cloud). Vamos a los resultados.
¿Qué pasa cuando a un adolescente le das suscripción gratis al diario? ¿Y cuando lo entrenás para consumir noticias?
Primer resultado: leen más el diario. Tanto en el grupo “suscripción” como en el combinado, la probabilidad de que un pibe haya leído el diario la semana previa aumenta una barbaridad, entre 17 y 19 puntos porcentuales, que es el doble de lo que leían habitualmente. Los del grupo “media education” no cambian absolutamente nada su consumo. O sea, digamos, darles el diario gratis sirve, enseñarles a leerlo no mucho (o no, al menos, por sí solo).
¿Qué diario leen más los que reaccionan al tratamiento? Y, claro, Le Monde. ¿Pero que lean más Le Monde significa que consumen menos de otra cosa? Mirá la figura de abajo. En el eje horizontal tenés los tres grupos: suscripción (T1), media education (T2) y combinado (T3). Dentro de cada grupo, cada barrita corresponde a un diario. Si está por encima de cero, significa que ese grupo consume más ese diario que el grupo control; si está por debajo, menos.
Te ayudo: en T1, la barra de Le Monde se dispara, unos 20 puntos porcentuales por encima del control. Las de los demás diarios quedan cerca de cero: darles Le Monde gratis no desplaza la lectura de otros diarios. En T2, todas las barras quedan cerca de cero: la educación mediática por sí sola no cambia el consumo. Y en T3 pasa algo parecido a T1: mucho más Le Monde, sin cambios claros en los demás.
Leen más Le Monde, no leen ni más ni menos otros diarios. ¿De dónde sacan el tiempo adicional, entonces? Tanto los del grupo suscripción como los del grupo combinado bajan su consumo de noticias vía redes sociales entre 5 y 8 puntos porcentuales (de nuevo, los del grupo media education no reaccionan).
¿Estás pensando lo que pensamos todos, no? Claro: le doy gratis Le Monde a los pibes, lo usan para mirar las notas de deportes y farándula y el día que se los dejo de dar gratis simplemente dejan de leerlo y vuelven a la programación habitual.
Segundo resultado: nada de eso.
Por si te estabas preguntando, un lector promedio de Le Monde (un BoBo francés típico) destina un 50% de sus visitas a Le Monde en noticias de Internacionales, Política y Sociedad. Le mete un 11% a economía, un 8% a opinión y solamente un 3.5% a deportes. ¿Y el estudiante al que le regalaron la suscripción? Más o menos igual.
Ok, leen lo mismo que todos, pero una vez que termina la suscripción gratis dejan de leer porque hay que pagar, ¿no?
Resulta que un año después de terminado el experimento volvieron a medir si los pibes seguían leyendo el diario y si seguían suscriptos (y ojo que ahí ya tenían que ponerse). La probabilidad de que lean algún diario (cosa que en mayor o menor medida pueden hacer aun sin suscripción), tanto en el grupo “suscripción” como en el combinado seguía siendo más o menos del doble que en el grupo control. Y mejor aún: varios de esos pibes (a quienes les habían regalado una suscripción que eventualmente expiró) empezaron a pagarla. Crearon el hábito, descubrieron que les gusta y siguen.
OK. Leen más el diario (aun cuando se termina el experimento), leen menos redes sociales. ¿Pero sirve algo de eso para que se enteren un poco más de lo que pasa a su alrededor? ¿Conocen más de política, de actualidad, de economía? Es complejo.
Con todas las preguntas de actualidad, economía, política, armate un índice. Cuanto más alto significa que más sabés de todo eso en promedio. Separá a los estudiantes en dos grupos: los de nivel socioeconómico más alto y los de nivel más bajo (cuartil inferior versus el resto). Mirá el grafo de abajo. Las primeras barras de cada set de X (para los que distinguen colores: las rojas) son los de nivel socioeconómico bajo y las segundas (naranjas) los del alto.
Primer set (eje X): grupo de control, las barras rojas son muy negativas y las naranjas son positivas. Eso significa que, entre los controles, el conocimiento promedio de los pobres está muy por debajo de la media y el de los ricos está por arriba. En cualquiera de los tratamientos, los ricos ni se inmutan. Los pobres mejoran poquito en el grupo de “media education”, mejoran bastante con la suscripción y un montón con la suscripción combinada con las clases.
O sea que tercer resultado: la brecha de conocimiento sobre actualidad, política y economía entre estudiantes ricos y pobres cae brutalmente cuando les dan suscripciones gratis a los pibes (un poco más si aparte de las suscripciones les enseñan a leer mejor las noticias).
Dijimos que hacíamos todo esto porque queremos formar mejores ciudadanos, ¿no? Más informados, más cívicos, con mayor capacidad para discernir lo verdadero de lo falso, con mayor predisposición a chequear antes de compartir. Ciudadanos con mayor, digamos, “alfabetización mediática”. ¿O sea? ¿Cómo medimos si sos un analfabeto mediático? Con tres tests.
Primero: te pregunto dónde te informaste sobre cierta cosa. Si me decís un medio específico (Le Monde, Figaro), sumás más que si me contestás “las redes” o “internet”.
Segundo: te muestro una noticia falsa y me dijo que tan probable es que la compartas. Cuanto menos probable, mejor.
Tercero: te ofrezco un link para verificar una noticia. Si lo abrís para chequear antes de compartir, sos menos analfabeto.
Combiná las tres medidas y tenés un “Índice de alfabetización mediática”.
Cuarto resultado: los pibes del grupo suscripción y del combinado mejoran en ese índice.
Voy cerrando con mis clásicas juiciosas reflexiones que tengo que volver a las ofertas. Si le bajás el precio relativo al diario, los pibes reaccionan y leen. Pero es mucho mejor que eso: cuando empiezan a leer se dan cuenta que tal vez hasta estarían dispuestos a pagarlo cuando deje de ser gratis y forman un hábito que persiste. Una intervención de dos mangos te genera ciudadanos más informados, más versados en el arte de lidiar con contenido mediático y encima que crean el hábito de leer el diario aun cuando se los empezás a cobrar. Teléfono para La Nación.
¿Viste qué locura de texto acabás de leer? Divertido, informativo, con buena data. ¿Sabés lo cool e inteligente que podés quedar con la/el chica/chico que te gusta si le tirás un par de líneas basadas en el envío de hoy? ¿Qué te parece si sacás la billetera, entrás acá (o ídem en tu librería amiga) y te comprás un ejemplar de #EstoTambiénEsEconomía, el libro definitivo, referencia de cómo vivir de cualquier persona de bien y empezás a ganar en el boliche, en el bar y hasta en el ascensor?
Mientras vas a la librería, te dejo otras cosas que podés hacer para bancar este proyecto popular sin gastar ni un peso moneda de curso legal argentino.
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El paper de hoy lo encontrás acá.
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Y Acá dicen que corregir afirmaciones engañosas de Marine Le Pen mejoró el conocimiento de los votantes, pero no cambió su apoyo a la candidata.
Nada que ver, pero…
Acá cuentan que abrir conexiones aéreas entre ciudades aumenta (causalmente) el comercio bilateral. Escribiremos pronto en este espacio.
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¡Espectacular! Muchas gracias por tocar este tema, que de tan obvio... ya ni lo notamos.
Justo el otro día dije al pasar frente a un grupo de estudiantes universitarios de diversas edades "leer estadísticas te sirve para leer el diario todos los días" y una parte del grupo (la más joven, claro) puso cara sonriente de "para qué, perdónnn?? ".
Me di cuenta que había cometido un tremendo anacronismo, y nos reímos todos.
Pero bueno... ahora tengo algo espectacular y al grano para compartirles que, a quien tenga tiene 7 minutos para leer :), le encantará leer.
Muy bueno, como siempre. Que pasa cuando los diarios tienen informacion en cortos, videos, otros formatos (The Guardian, FT y muchos otros)? Es tambien "leer" el diario?