Los jesuitas
#79
¡Hola! ¿Cómo estás?
Los jesuitas tienen fama de gustar de la educación. Fundaron escuelas, universidades y hasta programas estandarizados de estudios, con métodos, criterios y temas comunes entre toda escuela jesuita del mundo.
A Sudamérica llegaron hace varios siglos y se quedaron por varios años. Se fueron hace más de 250 años, pero hay quien dice que su legado todavía se ve en el capital humano y el desarrollo económico de los lugares en donde instalaron sus misiones.
¿Será? Scrolleá para abajo.
Espero que te guste. Gracias por leer.
Las preguntas de hoy
¿Cuál fue el efecto económico de las misiones jesuitas?
¿Persiste hasta hoy?
Por fin escribo sobre el paper de esta semana. Tardé demasiado, no entiendo por qué. Es de los papers que más me gustan del mundo mundial. No solo eso, sino que está escrito por uno de esos cracks que aparecen muy cada tanto y, como si fuera poco, es sobre Sudamérica.
El autor en cuestión es el gran Felipe Valencia y el paper es sobre historia. Y también sobre educación y sobre religión y sobre cambio estructural pero también sobre cómo se desarrollan los países. Un paper sobre todo lo que quieren las guachas.
Son semanas ocupadas porque estamos en medio del acontecimiento más importante de los últimos tres años y medio (y de los próximos cuatro), así que voy a ir al punto (mentira, me voy a ir por las ramas como hago siempre y te vas a joder). Verano de 1999. Plata dulce en Argentina. Más barato irse a Miami que a Miramar. Viaje familiar, como 25 días en auto al sur de Brasil. En el medio aprovechábamos para parar en lugares y ver cómo estaba la cosa. Las cataratas, por ejemplo. Una vuelta pasamos por Yapeyú, Corrientes. ¿Qué tiene de especial Yapeyú, Corrientes? Nació San Martín ahí, eso tiene. Y hay un museo en su casa. La cosa es que se ve llegamos a la hora de la siesta porque no había nadie, así que mi vieja tuvo que ir a tocarle la puerta al intendente (true story) para que alguien abriera porque como vas a pasar por Corrientes y no conocer dónde nació San Martín.
No me acuerdo nada de la casa de San Martín, confieso. De lo que sí me acuerdo como si hubiera sido ayer es de otro lugar adonde fuimos en una de esas vueltas desde Brasil: las ruinas de San Ignacio Miní. Ruta 12, San Ignacio, pueblito de 15 mil almas perdido en Misiones, a unos 250 kilómetros de la frontera con Foz do Iguaçu.
Son unas ruinas de los misioneros jesuitas muy bien conservadas (dato de color: Yapeyú, donde nació San Martín, también era una misión jesuita). Una “misión” es básicamente un asentamiento colonial cuyo objetivo principal era evangelizar y “civilizar” a los nativos. Gran parte del punto de las misiones, sea cual fuera la orden que llegaba, era puramente religioso (convertir a los nativos). La parte “civilizatoria” podía tomar formas muy diferentes, dependiendo de la cultura y los valores de la orden que llegaba.
La orden de los jesuitas (o bien “Compañía de Jesús”) la fundó Ignacio de Loyola en 1534. Gran parte de la motivación de su fundación fue hacerle contrapeso a la Reforma protestante, que ya venía con varios años de éxito en Europa. Los jesuitas fueron posiblemente la orden más relevante de la contrarreforma. ¿Cómo se hace para frenar el avance protestante? Las misiones eran una forma: llegar a lugares fuera de Europa, en donde todavía los protestantes no habían entrado. La otra era la educación. No necesariamente porque la educación fuera estratégicamente pensada como una herramienta para frenar al protestantismo, claro. Mas bien, los jesuitas consideraban a la educación como una herramienta para propagar su propia fe católica. ¿Y qué más efectivo que eso para ponerle contrapesos a los protestantes?
Las misión de San Ignacio Miní se fundó en el siglo XVII. Las ruinas se conservan bien y se ven más o menos como en el mapita de abajo. La plaza, la huerta, el cementerio y, fundamental: el colegio.
La Compañía de Jesús armó una red extensa de colegios precisamente como una herramienta para la defensa y preservación de la fe. Por un lado, integrar el aprendizaje con la religión permite ganarse a los jóvenes desde temprano. Y, ya que estamos, servían para impartir doctrina: los colegios, por supuesto, no eran instituciones aisladas, sino parte misma de la infraestructura religiosa. Por otro lado, la educación de las elites servía para propagar la fe a través de los líderes, de personas en posición de poder que podía funcionar como multiplicadores.
De pronto la red de instituciones educativas jesuitas empezó a crecer y expandirse geográficamente, al punto de escribir lo que probablemente haya sido el primer “plan de estudios” estandarizado creado en la historia de la humanidad, el Ratio Studiorum. Un documento de fines del Siglo XVI que le permitió a los jesuitas homogeneizar su educación, independientemente de qué ciudad o país lo adoptara y que tenía todo lo necesario para replicar y escalar el modelo. Esa red de instituciones educativas existe hasta hoy. Un dátolo de color: la Universidad Nacional de Córdoba, la más vieja de Argentina y una de las más antiguas de América la fundaron los jesuitas. Igual que Georgetown y que Boston College. E igual que tantísimos colegios que tal vez ni te enteraste.
Los jesuitas llegaron a América del sur en 1549. A Salvador de Bahía. Pero el verdadero boom fue el de las misiones guaraníes: el nordeste de Argentina, Paraguay y el sudeste de Brasil.
Voltaire, célebre representante de la ilustración francesa, fue siempre un gran crítico de las religiones institucionalizadas y de los propios jesuitas. Y aún así, en 1756 publicó su Ensayo sobre las costumbres y el espíritu de las naciones en el cual decía lo siguiente:
“Las conquistas de México y del Perú son prodigios de audacia; las crueldades que en ellas se ejercieron (…) son excesos de horror; pero el establecimiento en el Paraguay, obra únicamente de los jesuitas españoles, parece en algunos aspectos el triunfo de la humanidad.” El párrafo sigue, diciendo más o menos que OK, los jesuitas también sometieron, pero al menos les dieron educación y los hicieron más laboriosos. En pocas palabras: lograron construir capital humano.
El paper de hoy muestra no solamente que los jesuitas que llegaron a la zona de Paraguay, nordeste argento y sudeste brasileño ayudaron a acumular capital humano (como decía Voltaire), sino que ese capital humano tiene consecuencias que persisten hasta el día de hoy en el desarrollo económico de los lugares adonde llegaron.
El mapa de abajo te muestra las ubicaciones de las 30 misiones jesuitas guaraníes. Están distribuidas por tres países y varias provincias/estados dentro de cada país. Agarrá cada uno de los municipios de Argentina, Paraguay y Brasil, pertenecientes a los Estados/Provincias en donde se instalaron las misiones. Para cada una, agarrá censos contemporaneos (o sea, hoy, 250 años de que se fue la última misión jesuita) y calculá la medida de la variable que te interese sobre desarrollo económico. Por ejemplo: educación promedio de la población, pobreza o lo que te interese medir.
Estimame la relación entre esas medidas y la distancia a la misión histórica más próxima. Como las misiones están en lugares muy diversos, asegurate de comparar municipios que estén en el mismo Estado/provincia, que tengan condiciones geográficas y topográficas similares: altitud, rugosidad del terreno, pendiente, distancia a ríos, a la costa, temperatura, precipitaciones. O sea, comparame municipios que parezcan comparables. Así arranca Felipe.
Primer resultado: el nivel educativo promedio ACTUAL de municipios similares pero más cercanos a las antiguas misiones jesuitas es inusualmente alto. Cada 100km más cerca que estés de una ex-misión jesuita, tenés un 15% más de educación (algo así como 0.7 años adicionales de ir a la escuela).
Segundo resultado: el nivel de pobreza promedio ACTUAL de municipios similares pero más cercanos a las antiguas misiones jesuitas es mucho más bajo y el ingreso mucho más alto. Cada 100km más cerca que estés de una ex-misión jesuita, tenés un 10% menos de pobreza y un 10% más de ingreso promedio.
Más cerca de los jesuitas hace 250 años: más educado y menos pobre hoy.
Momento, antes de seguir. No estás convencido de la causalidad del caso, lo veo en el ceño derecho ligeramente achicado del ojo derecho, que grita “no confío, no confío”. Ahora se vienen un par de párrafos escritos exclusivamente para convencerte que el efecto probablemente sí sea causal. Si no te interesa porque odiás esforzarte y aprender cosas nuevas, podés saltear lo que viene hasta el “Sigamos”.
Hasta ahora comparamos municipios parecidos en todas las dimensiones observables (geográficas, topográficas) pero tranquilamente puede haber atributos que no son observables y que simultáneamente expliquen que los misioneros decidieron instalarse en donde se instalaron y que esos lugares hoy sean más ricos. Qué sé yo, tal vez se instalaron en lugares con población local menos hostil y ser menos hostil también te hace más rico, independientemente de los misioneros.
Resulta que aparte de las 30 misiones que instalaron, los jesuitas habían arrancado varias otras, en la misma zona, pero que duraron poco tiempo, en gran medida porque estaban demasiado expuestas a ataques portugueses. Resulta que los jesuitas evitaron problemas y dejaron un montón de misiones inicialmente elegidas para misionar pero tempranamente abandonadas y que Felipe usa en este paper como misiones “placebo”.
La lógica es la siguiente: en vez de comparar municipios que nunca fueron elegidos para tener una misión con otros que sí tuvieron, los comparás con municipios en donde también fueron elegidos para poner una misión, pero que por características ajenas al lugar - pongámosle, un hecho fortuito - se abandonaron temprano. Si, por ejemplo, resulta que los lugares que los jesuitas eligieron (pero terminaron abandonando) para poner una misión no tienen hoy un nivel educativo particularmente mayor al resto de los municipios, entonces posiblemente el efecto sobre la acumulación de capital humano no viene de las características propias de los municipios elegidos, sino de que la misión haya logrado quedarse a hacer su trabajo.
Te imaginás bien: los municipios elegidos para instalar misiones pero que finalmente se abandonaron NO son diferentes al resto de los municipios de la zona en ninguna variable contemporánea relevante (educación, por ejemplo).
Seguís sin creerme. Claro: tal vez el hecho de que los jesuitas eligieron Alto Paraná para poner una misión pero finalmente decidieron no quedarse significa que en realidad esa misión abandonada no es un buen comparable. Por algo se fueron, ¿no? Ok, ok. Vamos con otro intento.
Resulta que los jesuitas no eran los únicos misioneros. Había de varias órdenes cuyo objetivo era parecido al de los jesuitas. Caso paradigmático: los franciscanos. Llegaron más o menos al mismo tiempo (incluso un poco antes), se desplegaron por zonas más o menos parecidas y trataron de evangelizar todo lo que pudieron. ¿Cuál es la gran diferencia entre las misiones jesuitas y las franciscanas? Que los jesuitas tenían el foco en la educación y la formación de capital humano y los franciscanos digamos que no tanto. Seguime la lógica.
Comparame municipios cercanos a ex-misiones franciscanas con municipios más alejados. Asegurate de compararme lugares parecidos geográfica y topográficamente. Básicamente, hacé lo mismo que habíamos hecho con las misiones jesuitas, pero enfocado en las franciscanas. Decime si HOY los municipios cercanos (o sea expuestos) a las misiones franciscanas tienen niveles más altos de educación y más bajos de pobreza (y más altos de ingreso). Te anticipo: no, no tienen ni más educación ni menos pobreza ni mayor ingreso. ¿Por qué? Porque lo que impactó en la acumulación de capital humano no viene de las características del lugar que te hacía elegible para instalar una misión. Ni siquiera del hecho de que la hayan instalado. Lo relevante fue específicamente que se haya instalado una misión jesuita, cuyo modus operandi era, precisamente, construir capital humano.
Sigamos.
Porque ahora sí que me creés un poco más la causalidad, ¿nocierto? Es un paper histórico, amigo, con datos de hace 300 años, se hace lo que se puede. Voy a asumir que me creés y vamos a lo interesante.
¿Qué hace que una misión que dejó el territorio hace 250 años logre tener efectos persistentes hasta el día de hoy en el desarrollo económico de los lugares en donde pisó?
Una hipótesis es que invertir en educación en una comunidad termina generando un cambio en la estructura productiva que una vez que se da, no se revierte más. Siglo XVI o XVII, nordeste de Argentina, sur de Brasil, Paraguay. La ocupación principal era rural y no se trabajaba de forma particularmente productiva. El tipo que laburaba la tierra no sabía leer ni escribir y dedicaba todo el tiempo a hacer lo que podía con la parcela de tierra que le tocó. Llegan los jesuitas. El tipo aprende a leer y a escribir y encima de a poco va aprendiendo algún oficio. Con un set de habilidades más completo, viene la chance de ofrecer tu trabajo en sectores que antes no eran una posibilidad: puede ser artesano, arreglar cosas, construir. Incluso puede hacer cuentitas y hasta comerciar. Y eso abre la puerta al desarrollo de sectores económicos que antes eran imposibles o muy chicos: la manufactura, la artesanía, el comercio y hasta los servicios empiezan a demandar más empleo (que ahora pueden conseguir) y la agricultura cada vez menos. Esta dinámica en la que cae el empleo rural y aumenta el empleo en sectores potencialmente más productivos es lo que en desarrollo económico se suele llamar “cambio estructural” y que explica gran parte del aumento de productividad de cualquier caso de desarrollo histórico moderno.
¿Y qué tendrán que ver los jesuitas, no? Fast-forward 250 años.
Tercer resultado. Los municipios más cercanos (250 años atrás) a las misiones jesuitas tienen menos empleo (relativamente) en sectores rurales, más empleo en manufactura y más empleo en comercio. No solo eso: las personas que viven hoy en esas zonas trabajan con mucha mayor probabilidad en manufacturas intensivas en capital humano y conocimiento (más en industria química y maquinaria eléctrica, menos en hacer calzado). Educar a la gente termina cambiando la propia estructura productiva del lugar.
El cambio estructural existió y está bien documentado por Felipe: menos empleo rural, más del otro. Pero la verdad es que no hay nada de malo en la producción rural. Todo lo contrario: querés que zonas naturalmente productivas… bueno, produzcan.
Hay muchos motivos que pueden explicar por qué las economías que se desarrollaron históricamente fueron reduciendo el peso del sector primario y aumentado el peso de los otros. Por un lado, capital humano con más habilidades puede irse a trabajar al lugar que le pague mejor (por ejemplo, el comercio). Pero por otro lado, si el sector rural invierte en cierto tipo de tecnología, posiblemente necesite menos empleados (que entonces se irán para la ciudad) para producir una cantidad mayor de bienes y esos empleados terminan en otros sectores. ¿Y si el cambio en la estructura productiva inducida por los jesuitas tiene también que ver con mejoras tecnológicas en el campo?
Una de las hipótesis de Felipe es que la inversión en educación de los jesuitas hace dos siglos y medio terminó generando mayor capital humano que a su vez fue más proclive a generar una mayor adopción tecnológica que persiste hasta hoy.
El eje X tiene la distancia a la misión más cercana. El eje Y tiene la porción de la tierra cultivable de cada municipio que usa HOY (bah, en los early 2000s) semillas transgénicas, posiblemente una de las adopciones de tecnología en el sector agrícola más relevantes de las últimas varias décadas. Todo esto comparando pedazos de tierra similares en cuanto a la variable productiva, geográfica y topográfica que se te ocurra.
¿Ves la pendiente negativa? Los municipios rurales más cercanos a las misiones jesuitas están mucho más cerca de la frontera productiva, aún 2 siglos y pico más adelante.
Te quedaste pensando en la casa de San Martín en Yapeyú. Se ve más o menos así.
La foto es de Trip Advisor. Me dice mi vieja que no me acuerdo de la casa de San Martín (y, por supuesto, no tengo fotos) porque nunca entramos. Resulta que el intendente no se copó. Estaba durmiendo la siesta y la siesta es sagrada. ¿Quién era el desalmado intendente de Yapeyú en 1999? Si lees esto: me dejaste sin conocer la casa de San Martín, ojalá estés contento.
¿Ya compraste #EstoTambiénEsEconomía, segunda edición? Ah, ¿no sabías? Se agotó la primera y te la perdiste por gil. Que no te vuelva a pasar, mirá por acá (o en tu librería amiga).
Mientras tanto te dejo otras cosas que podés hacer para bancar este proyecto popular sin gastar ni un peso moneda de curso legal argentina.
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El paper de hoy lo encontrás acá.
Felipe tiene otro paper muy bueno sobre el efecto persistente de la esclavitud (hace varios siglos) en la inequidad (actual). Usa la línea del tratado de Tordesillas para comparar regiones parecidas y cercanas de uno y otro lado de las colonias. Lo ves acá.
Nada que ver, pero…
Acá muestran que las películas dobladas hacen que aprendas menos inglés. Y sí.
Durante el mundial hay que leer papers de futbol y eso mismo estoy haciendo. Acá voy dejando mis impresiones.





